El Señor de los Naranjos, del siglo XVIII, permaneció en la localidad casareña durante bastantes años y fue enterrada en Santiago del Campo
El escrito del autor cacereño Alonso J. Corrales Gaitán, presentado en el año 1995, para los XXIV Coloquios Históricos de Extremadura, que se celebran cada año en Trujillo, narra la historia de la talla del Señor de los Naranjos.
En los siguientes párrafos Hoy Casar de Cáceres (con la autorización de los Coloquios Históricos de Extremadura) recoge textualmente el trabajo presentado por Corrales Gaitán sobre su iniciativa particular para intentar desenterrar una imagen que también formó parte de la historia de Casar de Cáceres.
De siempre he dicho que en todas las ciudades, por pequeñas que sean, existen una serie de historias que no aparecen recopiladas dentro de la crónica oficial, ello por muy distintos motivos que desconocemos, pero que sin embargo no dejan por ello de ser ciertas, e incluso la mayoría de las veces hasta curiosas. Y sería verdaderamente lamentable que por no recogerlas se perdiesen con el paso inexorable del tiempo.
Por ello aprovechando la gran riqueza al respecto que se da en mi ciudad natal, Cáceres, quiero hacerles partícipe de una de estas historias que como menos es curiosa.
Voy a referirles lo que le ocurrió a una talla de Semana Santa, que fue enterrada por fea. Para ello nos remontamos al año de 1989, cuando como consecuencia de distintas conversaciones informales, conozco la existencia de una imagen enterrada en el suelo de una iglesia de una localidad próxima a Cáceres, la información nos la facilita un amigo de aquella época.
Nos ponemos inmediatamente en marcha un grupo reducido de familiares y amigos y, con fecha 31 de enero de 1989, hacemos una solicitud formal al Obispado, al mismo tiempo que mantengo una reunión con el entonces Obispo de la Diócesis D. Jesús Domínguez Gómez, para gestionar con la parroquia de la localidad de Santiago del Campo, así como los feligreses y demás partes interesadas en el tema, de nuestra intención seria de recuperar la imagen, con cuyos gastos propios del desentierro en un principio correría la Excma. Diputación Provincial, según compromiso adquirido de palabra por su Presidente el Sr. D. Manuel Veiga López, con el autor de este trabajo.
DESCRIPCIÓN DE LA TALLA
Obra del siglo XVIII, de autor desconocido, de tamaño algo más grande del natural, con pelo de ser humano, brazos y piernas articuladas. Fue realizado por encargo de la Cofradía de la Vera Cruz. El título de Señor de los Naranjos le viene de que era costumbre en la procesión del Jueves Santo de adornar el paso con un naranjo, en lugar de lo tradicional que es un olivo. Iba vestido con una túnica de color marfil.
Permaneció expuesto en el Convento de San Francisco El Real hasta el año 1837, en que por distintas disposiciones reales hubo de instalarse en la propia Iglesia de San Mateo donde, hasta el año 1898, en que la Cofradía de la Vera Cruz prefiere venderlo a la localidad del Casar de Cáceres, allí permaneció bastantes años, estando posteriormente arrinconada en una habitación que servía de trastero ante el miedo que causaba a chicos y grandes por el gran realismo de sus facciones, así como el realismo del pelo y su gran altura. Cuentan que por aquel entonces era frecuente que las madres para infundir miedo a sus hijos, les decían: ¡Cómo no comas viene el Señor de los Naranjos!, ¡Cómo no te portes bien, llamo al Señor de los Naranjos!, ¡Cómo no te duermas pronto te llevará el Señor de los Naranjos!, etc. Lo que nos puede dar una idea bastante clara de lo que significaba aquella impresionante talla.
Y así, por mediación de una maestra natural de Santiago del Campo, doña Remedios Díaz, fue regalada la imagen en 1948 a esta localidad. Pero en su nuevo «hogar» duró más bien poco pues los feligreses inmediatamente se pusieron de acuerdo con el propio párroco del lugar, enterrando en los primeros años de la década de los cincuenta al Señor de los Naranjos acompañado al menos con otras tres imágenes de distinta procedencia y estilo, todas colocadas en el suelo de la Iglesia, en lugar próximo al altar.
RESPUESTA DEL OBISPADO
Con fecha 16 de mayo de 1989, (ya han pasado casi cuatro meses desde nuestra solicitud), D. Justo Hermoso Domínguez, (q.e.p.d.), Vicario Episcopal de la Diócesis de Coria-Cáceres nos contesta a nuestra petición en los siguientes términos:
"Examinada la solicitud presentada en este obispado por un grupo de cristianos y con la anuencia del Director del Secretariado Artístico Diocesano, sobre excavaciones a realizar en el templo de la Parroquia de Santiago del Campo, este Obispado ha acordado lo siguiente:
El párroco de Santiago del Campo debe consultara la comunidad cristiana de esta parroquia si está de acuerdo en que se proceda a las excavaciones para descubrir la supuesta talla o tallas enterradas en el templo parroquial.
Si aparecieran tallas enterradas en dicho templo, serán propiedad de la diócesis de Coria-Cáceres y se quedarán en la parroquia de Santiago del Campo.
Este Obispado alienta a que se fomente el culto de las supuestas imágenes y a que, de acuerdo con la comunidad cristiana, se cedan para procesiones u otros actos que contribuyan al fomento de la religiosidad y piedad.
El pavimento del templo, donde se realicen las excavaciones, debe quedar en el mismo estado que se encuentra actualmente.
Tanto las excavaciones, como las restauraciones de las supuestas imágenes deben de hacerse contando con el párroco y el Secretario Artístico Diocesano.
(Fecha y Firma)
Rvdos. Srs. Párroco de Santiago del Campo y Director del Secretariado Artístico Diocesano y Grupo Cristiano".
Impulsados por este escrito, que por otra parte nos parece bastante positivo para iniciar pronto los correspondientes trabajos al respecto, nos desplazamos un domingo por la mañana, varias de las personas interesadas en el rescate del Señor de los Naranjos, hasta la localidad de Santiago del Campo, mantenemos una rápida entrevista con el párroco, el cual no muestra ningún interés por dicho trabajo, indicando no obstante que en los próximos días se reunirá con los feligreses para tratar del tema y nos comunicará lo que se acuerde.
A mediados de aquel verano de 1989, por medio de una simple llamada telefónica, se me informa por parte del Obispado, la decisión tomada por el pueblo de no autorizar la extracción de las figuras allí enterradas.
Según supimos por otra fuente de información, el párroco había reunido una noche a todos los feligreses, informándoles de nuestras pretensiones, incluso agregando otros detalles de su propia cosecha, lo que facilita sin duda alguna a que la mayoría de los vecinos se manifestasen al respecto de la forma que lo hicieron.
Verdaderamente a todos los miembros del "equipo rescatador", nos sorprendió la respuesta negativa de los vecinos de Santiago del Campo, ello cuando el resto de las partes estábamos conformes, pero desgraciadamente las cosas son así de injustas. Me limité a comunicar dicha decisión al Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial y nos olvidamos del tema.
LA RESPUESTA DEL DESTINO
Tendrían que pasar varios años para que de manera casual, volviésemos a retomar el asunto. No obstante las cosas habían cambiado notablemente, la gran mayoría de las personas que habían sido protagonistas de la anterior "operación rescate", ahora no estaban, incluso había otro Obispo ya que había fallecido D. Jesús Domínguez Gómez, pero creo que el espíritu seguía siendo el mismo.
Así, a mediados del año 1993 y por cuestiones profesionales conocía al por entonces alcalde de Santiago del Campo, D. Juan Andrés Sánchez Villar y a la Secretaria. Les comenté de pasada nuestra fallida intención de recuperar las tallas enterradas en el suelo de la iglesia, a lo que el alcalde me contestó que él personalmente comentaría de nuevo la idea en el pueblo, aprovechando que había otro sacerdote como párroco y, a cambio, yo me comprometía en hacer las gestiones pertinentes en el Obispado y con el Presidente de la Diputación.
Pasado el verano ya teníamos a todas las partes interesadas en el tema, en total acuerdo e interés por iniciar los trabajos de recuperación de las supuestas imágenes. Las intenciones de las personas que encabezábamos la operación eran prácticamente las mismas que cuando dimos los primeros pasos por el lejano año de 1989, sobresaliendo el hecho de recuperar unas obras de arte.
Sin duda éste es el momento oportuno de realizar los trabajos necesarios para recuperar al Señor de los Naranjos, ya que aún queda con vida uno de los albañiles que enterraron a ésta y las otras tallas, lo que nos puede facilitar bastante la búsqueda.
El 17 de diciembre de 1993, a las 17 horas y treinta minutos, nos desplazamos a la localidad de Santiago del Campo, tres miembros del equipo promotor de la idea, allí nos encontramos con algunos concejales así como vecinos. Localizamos el lugar exacto por donde se debía excavar, así como observamos el material que se necesitaría para la operación. Acordamos comenzar los trabajos una vez finalizada la ya cercana Navidad, entre un sábado y un domingo si era necesario, y volvimos a Cáceres.
"OPERACIÓN RESCATE"
El 15 de enero de 1994, alas 9 horas y treinta minutos llegamos a Santiago del Campo; mi esposa, mi hijo, un amigo (Ignacio Blanco) y un maestro albañil (Saturnino Jiménez). Yo iba en calidad de uno de los promotores de la idea, así como representante del Sr. Presidente de la Diputación que correría con los gastos de albañilería así como la restauración de la imagen si mereciese la pena. Allí, junto a la iglesia, nos esperaba el Sr. Alcalde, D. Felipe Fernández Peña en representación del Sr. Obispo, un equipo de albañiles previamente contratados (de la propia localidad) Hermanos Terroso Ávila y un grupo amplio de miembros de una Cofradía de Cáceres, que en últimos días habían solicitado al Obispado poder utilizar el Señor de los Naranjos para su desfile procesional.
Inmediatamente que las tres partes nos pusimos de acuerdo (Obispado, Diputación y Ayuntamiento), se iniciaron los trabajos de albañilería en el lugar supuesto del enterramiento.
Había pasado una hora aproximadamente desde el inicio de la operación cuando comenzaron a aparecer distintos objetos de un posible retablo, imágenes de distintos tamaños y el cuerpo con cabeza incluida, pero sin extremidades, de una enorme talla de hombre y sin pelo. Inmediatamente todos los presentes, así como algún vecino que se había incorporado al grupo, exclamaron: ¡El Señor de los Naranjos!,¡Ese es! ("Nun ex tenebris te educo"). Según iban apareciendo los distintos objetos se limpiaban con una brocha, se observaban y se fotografiaban para pasar seguidamente a ser colocados en un lugar próximo a donde habían estado enterrados. Aparecieron tres distintas imágenes difíciles de identificar: un S. Francisco, un angelito, varias manos, una Virgen que llamaban los lugareños "de las Tormentas" y la figura principal al menos por su tamaño: El Señor de los Naranjos.
Cuando ya no quedaban más cosas que sacar del suelo, improvisamos una reunión entre las tres partes implicadas a fin de acordar lo que se haría con la imagen principal, que era el auténtico centro de aquel trabajo. Y los tres coincidimos en:
"Habíamos llegado unos años tarde, al haber enterrado a las imágenes en plena tierra, sin protección de caja alguna o tela, todas las imágenes se encontraban en un estado de conservación lamentable, la humedad del terreno había hecho un buen trabajo, cada vez que cogíamos los distintos objetos se nos quedaba en las manos parte de ellos, eran como pavesas, sensación como cuando se coge un libro quemado. Por todo esto consideramos que no era posible restaurar la que fue imagen del Señor de los Naranjos, ya que era mucho más barato el hacer una nueva.
Ante todos estos planteamientos solamente había dos soluciones posibles y razonables:
Volver a enterrar todo lo encontrado.
Quemarlo, por ser objetos sagrados.
Al final los tres responsables nos decidimos por la primera solución, pero con la salvedad de que ahora sería distinto, ya que solicité unos sacos de plástico fuerte, de los habitualmente utilizados para el pienso y en ellos metimos todo lo hallado".
Tal decisión había sido tomada por las partes que tenían en sus manos la responsabilidad del trabajo de localización del enterramiento, esto a pesar de que no gustó a algunos de los espectadores.
Poco más de media hora se tardó en cerrar la excavación y poner el pavimento de la iglesia tal y como nos lo habíamos encontrado. Poco a poco todos los presentes y no invitados a esta extraordinaria operación fueron desapareciendo, sin despedirse.
El resto, invitados por el Sr. Alcalde de la localidad, nos fuimos a tomar unas cañas, eran las 14'00 horas.
Y así, de una manera tan sencilla y tan española, finalizó una de las historias más curiosas que en los últimos años se había dado en nuestra ciudad y proximidades. Lástima que llegásemos con varios años de retraso.
Hoy estamos convencidos de que si este trabajo de recuperación del Señor de los Naranjos lo hubiésemos hecho tal y como en un principio se pensaba en el año 1989, en la actualidad dicha imagen estaría siendo, de una forma u otra, admirada por muchas personas. Pero el destino es así.
(Importó el trabajo de albañilería .... 63.997 pts.)
Casar de Caceres
29/11/12
21/11/12
2/10/11
LOS AÑOS DEL SILENCIO EN CASAR DE CACERES
La vida institucional de los pueblos es,en ocasiones, un frio conjunto de decisiones políticas diseñadas por las autoridades municipales. El tiempo que hemos denominado como “los años del silencio” (1939. 1975) no lo entendemos como una época en la que siempre paso lo mismo; no es cierto que aquellos años fueron pasando sin que nada nuevo ocurriese; el imperio ideológico franquista inicia leves cambios tras una primera veintena de años durísimos. Con la llegada de los años sesenta, el régimen se suaviza.
Los años “mas silenciosos” son los padecidos inmediatamente después de la Guerra Civil. Poco a poco, a partir de los sesenta, siempre muy despacio, los ciudadanos comienzan a saber exponer, con extremada cautela, sus opiniones.
Los años del silencio tienen un comienzo y una historia precisa; son las consecuencia directa del enfrentamiento político y social que explota y, más tarde, se agrava con la Guerra Civil, que enferma de manera crónica con la Dictadura del General Franco y que, finalmente, se cura con la llegada de la Democracia. Las cicatrices perduran; bien es verdad que no se airean; pero también es verdad que las familias que sufrieron los agravios trasmiten a sus hijos y nietos historias y anécdotas sin fin. Las cuentan en veladas tranquilas, en momentos precisos, en círculos cerrados. Nadie las proclama a los cuatro vientos, pero todo el mundo asegura conocerlas.
Los intentos por recuperarlas han de ser pacientes y están envueltos en el miedo al recuerdo; nadie quiere contarlas, pero tampoco nadie quiere que se pierdan. Es como un tesoro oculto que no conviene destapar ni consumir. Ni que decir tiene que las creencias políticas no podían expresarse en público. El silencio no se consigue tan solo en las personas que estuvieron comprometidas políticamente a favor de la gente sencilla; el silencio se impuso además, de manera rotunda, en la gente sencilla.
El 18 de septiembre de 1940, vuelve a constituirse de nuevo la Comisión Gestora del Ayuntamiento de casar; por decisión del Gobernador Civil se cesa a los componentes actuales y nombra para sustituirlos, un total de ocho personas, que votan entre sí a los siguientes cargos:
Alcalde Presidente: Adrian Bermejo Casares; Teniente de Alcalde: Antonio Casares Espada; 2º Teniente de Alcalde: Juan de Dios López Izquierdo; Regidor Sindico: Cándido Torrero Fernández.
La regulación de los precios de la leche que se lleva a cabo en la sesión del 28 de septiembre de 1940, en pleno año del hambre, pone de manifiesto que el casar continua vertebrado en torno a una economía de base agro ganadera; pero supone, en opinión de los autores, una nueva constatación, los inicios de la dedicación a la producción lechera de los ciudadanos del Casar. A instancia de los vendedores de leche, la comisión gestora estima que dada lectura de la instancia suscrita por Juan Conejero Sanguino y otros varios vecinos mas vendedores de leche de vaca en la que solicitan le sea concedida oportuna autorización para elevar el precio del litro de leche de ochenta céntimos a una peseta el litro en vistas de la carestía y elevación de los precios de los piensos para dicho ganado tienen en la actualidad. Terminada la lectura de dicha instancia, àbrese una amplia y detenida deliberación en la que intervienen todos los señores gestores acordándose por unanimidad fijar a partir del día primero del próximo mes de octubre el siguiente precio para el litro de leche: a noventa céntimos durante los meses de septiembre a febrero inclusive, de setenta céntimos el litro durante los meses de marzo a mayo inclusive y de ochenta céntimos durante los meses de junio a agosto inclusive. Y que estos precios se hagan públicos por medios de bandos para el conocimiento del vecindario.
Las actas capitulares abordan en estos primeros años del franquismo los mismos asuntos que en periodos anteriores; la preocupación por las obras publicas, aunque ya se habla de asfalto de calles y no de empedrados; la escasez de los jornales (un bracero cobra escasamente cinco pesetas de jornal); la ejecución de un nuevo muro en la charca nueva. Como asunto destacado o anecdótico señalaremos la compra de una máquina de escribir con destino a las oficinas municipales por estimarla de imprescindible necesidad (acuerdo recogido en la sesión de 5 de agosto de 1944). El hacer ofrecimiento de los solares para dichas construcciones a obra sindical del hogar, a la cual, en virtud de las facultades que a los Ayuntamientos confiere del Decreto del ministerio de la gobernación de 16 de octubre de 1941, le serán cedidos gratuitamente los terrenos necesarios de la finca de los bienes de propios de este municipio denominado Ejido de Arriba.
Los intentos por solucionar el abastecimiento de agua al pueblo que se recogen en el acta de 2 de mayo de 1955, construyen otro de los hechos destacados del periodo. El señor presidente hizo una amplia exposición del estado en que se encuentran las obras de captación de agua para el abastecimiento publico que se hicieron el pasado año en el sitio Pinar del Rio, mediante cuyas obras quedo terminado la construcción del pozo de quince metro de profundidad y tres metros de diámetro y una galería subterránea de cien metros de longitud con altura de dos metros y anchura de uno aproximadamente. Como así mismo el depósito de recogida de aguas para una cabida de cien metros cúbicos. Ahora, falta pues para completar la obra, la instalación eléctrica y bomba para la elevación de agua hasta el depósito y la colocación de una tubería de unos seiscientos metros para la conducción de agua del depósito al pueblo.
Los años “mas silenciosos” son los padecidos inmediatamente después de la Guerra Civil. Poco a poco, a partir de los sesenta, siempre muy despacio, los ciudadanos comienzan a saber exponer, con extremada cautela, sus opiniones.
Los años del silencio tienen un comienzo y una historia precisa; son las consecuencia directa del enfrentamiento político y social que explota y, más tarde, se agrava con la Guerra Civil, que enferma de manera crónica con la Dictadura del General Franco y que, finalmente, se cura con la llegada de la Democracia. Las cicatrices perduran; bien es verdad que no se airean; pero también es verdad que las familias que sufrieron los agravios trasmiten a sus hijos y nietos historias y anécdotas sin fin. Las cuentan en veladas tranquilas, en momentos precisos, en círculos cerrados. Nadie las proclama a los cuatro vientos, pero todo el mundo asegura conocerlas.
Los intentos por recuperarlas han de ser pacientes y están envueltos en el miedo al recuerdo; nadie quiere contarlas, pero tampoco nadie quiere que se pierdan. Es como un tesoro oculto que no conviene destapar ni consumir. Ni que decir tiene que las creencias políticas no podían expresarse en público. El silencio no se consigue tan solo en las personas que estuvieron comprometidas políticamente a favor de la gente sencilla; el silencio se impuso además, de manera rotunda, en la gente sencilla.
El 18 de septiembre de 1940, vuelve a constituirse de nuevo la Comisión Gestora del Ayuntamiento de casar; por decisión del Gobernador Civil se cesa a los componentes actuales y nombra para sustituirlos, un total de ocho personas, que votan entre sí a los siguientes cargos:
Alcalde Presidente: Adrian Bermejo Casares; Teniente de Alcalde: Antonio Casares Espada; 2º Teniente de Alcalde: Juan de Dios López Izquierdo; Regidor Sindico: Cándido Torrero Fernández.
La regulación de los precios de la leche que se lleva a cabo en la sesión del 28 de septiembre de 1940, en pleno año del hambre, pone de manifiesto que el casar continua vertebrado en torno a una economía de base agro ganadera; pero supone, en opinión de los autores, una nueva constatación, los inicios de la dedicación a la producción lechera de los ciudadanos del Casar. A instancia de los vendedores de leche, la comisión gestora estima que dada lectura de la instancia suscrita por Juan Conejero Sanguino y otros varios vecinos mas vendedores de leche de vaca en la que solicitan le sea concedida oportuna autorización para elevar el precio del litro de leche de ochenta céntimos a una peseta el litro en vistas de la carestía y elevación de los precios de los piensos para dicho ganado tienen en la actualidad. Terminada la lectura de dicha instancia, àbrese una amplia y detenida deliberación en la que intervienen todos los señores gestores acordándose por unanimidad fijar a partir del día primero del próximo mes de octubre el siguiente precio para el litro de leche: a noventa céntimos durante los meses de septiembre a febrero inclusive, de setenta céntimos el litro durante los meses de marzo a mayo inclusive y de ochenta céntimos durante los meses de junio a agosto inclusive. Y que estos precios se hagan públicos por medios de bandos para el conocimiento del vecindario.
Las actas capitulares abordan en estos primeros años del franquismo los mismos asuntos que en periodos anteriores; la preocupación por las obras publicas, aunque ya se habla de asfalto de calles y no de empedrados; la escasez de los jornales (un bracero cobra escasamente cinco pesetas de jornal); la ejecución de un nuevo muro en la charca nueva. Como asunto destacado o anecdótico señalaremos la compra de una máquina de escribir con destino a las oficinas municipales por estimarla de imprescindible necesidad (acuerdo recogido en la sesión de 5 de agosto de 1944). El hacer ofrecimiento de los solares para dichas construcciones a obra sindical del hogar, a la cual, en virtud de las facultades que a los Ayuntamientos confiere del Decreto del ministerio de la gobernación de 16 de octubre de 1941, le serán cedidos gratuitamente los terrenos necesarios de la finca de los bienes de propios de este municipio denominado Ejido de Arriba.
Los intentos por solucionar el abastecimiento de agua al pueblo que se recogen en el acta de 2 de mayo de 1955, construyen otro de los hechos destacados del periodo. El señor presidente hizo una amplia exposición del estado en que se encuentran las obras de captación de agua para el abastecimiento publico que se hicieron el pasado año en el sitio Pinar del Rio, mediante cuyas obras quedo terminado la construcción del pozo de quince metro de profundidad y tres metros de diámetro y una galería subterránea de cien metros de longitud con altura de dos metros y anchura de uno aproximadamente. Como así mismo el depósito de recogida de aguas para una cabida de cien metros cúbicos. Ahora, falta pues para completar la obra, la instalación eléctrica y bomba para la elevación de agua hasta el depósito y la colocación de una tubería de unos seiscientos metros para la conducción de agua del depósito al pueblo.
16/9/11
La iglesia y su rehabilitación
La construcción de una iglesia de mayores proporciones a la existente, comenzó por la reforma del antiguo edificio para dotarlo de capilla mayor y torre. La obra exige que el Obispo de Coria envié un visitador que supervise el derribo y posterior restauración del templo. En el libro de cuentas de la iglesia un manuscrito recoge la fecha de esta reforma al afirmar que siendo mayordomo Alonso Martin Mediavilla se derribo la torre vieja para hacerla nueva y costo dieciséis mil novecientos setenta y siete maravedíes.
Por la misma fuente se sabe que para levantar la nueva iglesia fue contratado Pedro de Ybarra, maestro de obras que también estuvo presente en la edificación de algunos elementos de la catedral de Coria.
Ofrece el interior del edificio una amplia cabecera con bóveda de crucería formada por una estructura de terceletes y un círculo de nervios combados en torno a la nave central. En el círculo central de la bóveda existen una serie de combados curvos que dibujan una flor de conopios.
A ambos lados del transepto se abren dos nuevas capillas que forman los brazos del crucero; una de ellas con planta cuadrada y de poca altura, se cubre con bóveda de terceletes y sus claves se adornan con estrellas de seis puntas; los nervios son gruesos y de sección cilíndrica.
La otra capilla, llamada del Santo Cristo, tiene planta cuadrada y a ella se accede por un arco de medio punto en cuyo interior se puede apreciar su cúpula semiesférica sobre pechinas. Consta por documentos de principios de siglo que su cúpula estuvo pintada y que fue después repintada. Más tarde, por problemas de filtraciones de agua, las pinturas fueron deteriorándose hasta su completa desaparición. En esta capilla, según consta en el libro de Gregorio Sánchez de Dios, Descripción y noticias de Casar de Cáceres, podemos ver una imagen de Cristo muy apreciada por los casareños. Imagen muy devota y milagrosa, con el título del Santo Cristo de la Peña, de cuya cofradía son cofrades todos los vecinos del pueblo, y se encuentran asentados en ella muchos nobles de estos contornos y los señores marqueses de la villa de Monroy.
Existen otras dos capillas en el tercer tramo de la epístola de reducidas dimensiones. En una se encuentra la pila bautismal del s. XVI; la otra capilla donde se encuentra la imagen de Jesús de Nazareno tiene un arco escarzano y sostenida por una avanzada galería sobre grandes modillones decorados en su frente.
El suelo de la nave central de la iglesia era en su mayor parte de canterías y contaba con escudos en las lapidas, de los que solo se conservan tres, que son conocidos a través de las descripciones de Gregorio Sánchez de Dios.
A finales del s. XVI el retablo de la iglesia se encontraba bastante deteriorado, por lo que tuvo que ser restaurado. No obstante, y a pesar de la restauración, el visitador apostólico que inspecciona la iglesia en 1597 ve la necesidad de hacer un retablo, porque el que esta ahora es muy chico y muy antigua su madera.
La recomendación del visitador debió ejercer sus frutos ya que a principios del s. XVII comienzan los trámites para la construcción del nuevo retablo de acuerdo con las características de la iglesia. En marzo de 1604 el obispo de Coria da licencia para hacer de talla y pintura un retablo para el altar mayor de dicha iglesia para que den a hacer y pintar y tallar el dicho retablo a Pedro de Córdoba pintor vecino de la ciudad de Plasencia.
En el contrato hecho aparece el entallador Francisco Ruiz Velasco. El 21 de septiembre de 1604 se redacta otro documento entre la iglesia de Casar de Cáceres, representada por su párroco Juan Sánchez, y los mencionados artistas. Por estas fechas el obispo de Coria manda una carta diciendo que el valor del retablo no debía de exceder de 4000 ducados. Se especifica que el único gasto que correspondería a la iglesia se4ria el hierro, y que la madera debía ser comprada por la iglesia y se descontaría de los 4000 ducados en que estaba presupuestado. Como dato interesante, se menciona la posibilidad de que segundas personas participen en la decisión sobre los temas representar.
El día 26 de enero de 1605 volvería a redactarse un nuevo contrato, con las mismas condiciones que el anterior, pero se contrata a otro artista de Ciudad Rodrigo: el escultor Tomas de la Huerta y balos ensambladores Martin Sánchez y Juan Sánchez. Es ahora cuando se define la realización de unos añadidos cuyo valor será de 300 ducados quedando definitivamente configurado el retablo por “cuatro doctores, doce repisas de los apóstoles, tres frisos de talla de una parte a la otra del retablo, dos virtudes arribas de un dios padre en el ultimo frontispicio del retablo, dos guarda polvos a los lados del retablo, unas repisas en el corqué del retablo a los lados del altar”.
Durante los siguientes años debió trabajarse en el retablo como lo demuestran los diferentes pagos realizados a los maestros, que finalmente resultarían los ensambladores Juan Hernández Mostazo y Juan Sánchez, en lugar de Tomas de la Huerta como se dice en el contrato. Durante el periodo que va desde 1607 a 1613 se finalizaría la construcción del retablo; una vez ensamblado y situado en su lugar se procederá a la colocación de las pinturas realizadas por Francisco Polo y doradas por Juan Carrasco.
11/9/11
LA PRESA RENACENTISTA DEL CASAR DE CÁCERES (EL MURO DE LA CHARCA)
Los diversos libros y artículos actuales que han abordado las presas extremeñas entre el XVI y el XVIII pasan por alto la presa objeto de estudio. Sin embargo, Tomás López, indica que se hizo el año 1507, apareciendo también una fecha similar en el diccionario de Pascual Madoz. Por tanto, estamos ante una obra hidráulica no catalogada por los estudios de los últimos años, pero sí por anteriores geógrafos.
Las modificaciones que ha padecido la presa pueden haber llevado a esta situación, pero pensamos que los restos originales son lo suficientemente significativos como para haber hecho alguna mención a esta presa. En origen, la presa constaba de dos tramos diferenciados que denominaremos A y B. El tramo A, de 110 m de longitud y algo más de 5 m de altura, tenía un molino adosado al paramento. Aquí se situaba el aliviadero original, y presentaba mayor altura de salto de agua. El tramo B, de 172 m de longitud y unos 5 m de altura, es el que se conserva en la actualidad. Tenía un segundo aliviadero de fondo con un canal de derivación que guiaba el agua hacia una zona de huertas.
En los años setenta, con la construcción de una serie de edificios en la vaguada del arroyo, se desvió el lecho del cauce principal. Este arroyo discurría por lo que, elocuentemente, se llama «Ronda de Pescadores», que entonces delimitaba el tejido urbano del pueblo.
El molino fue desmantelado, la vaguada se rellenó, y con ella también el tramo A de la presa. Actualmente, no queda rastro de este tramo, si bien se intuye su disposición debido a que se ha construido un paseo fluvial siguiendo la traza del tramo A. Este tramo, con seguridad, se encuentra bajo el paseo, sirviendo a éste de cimentación. En cuanto al tramo B, se llevaron a cabo varias actuaciones para adaptarlo a su nueva función como cuerpo único de la presa:
––El trasdós se rellenó con materiales para permitir el paso de vehículos sobre el mismo. En este relleno se trazó una conducción de saneamiento, con sus correspondientes pozos de control. ––El paramento en contacto con el agua se protegió con hormigón proyectado para evitar infiltraciones al trasdós rellenado, y así eliminar posibles asentamientos.
–El aliviadero del fondo fue ampliado, y se le añadió una toma moderna de hormigón armado a modo de decantador y una rejilla para permitir depurar de grandes sólidos el agua vertida. Este aliviadero se adaptó para que coincidiese en el trasdós donde surgía el antiguo. Así, el punto de irrupción de las aguas coincide con el de una antigua instalación de la que nos ocuparemos posteriormente. Basándonos en el tramo B, y también en fuentes orales, podemos deducir cómo era el tramo A. Ambos debían ser similares, tanto en forma constructiva como en los materiales empleados.
Una primera observación muestra que la presa consta de un paramento coronado por sillares graníticos de aproximadamente 30 × 30 × 90 cm, que conforman un pretil similar al de otras presas extremeñas de la época. El sellado al que hacíamos referencia antes impide observar el paramento, pero podemos asegurar que los sillares se extienden hasta la cimentación dispuestos a soga. El cuerpo de la presa, por su parte, es de mampostería granítica sellada con algún tipo de mortero arcilloso o con cal para garantizar su impermeabilidad. La contención, igualmente, aparece oculta por el relleno del camino tras la presa, sin solución de continuidad. Sin embargo, las fuentes orales afirman que debajo hay una serie de contrafuertes. Esta suposición, además, viene confirmada por dos datos: ––El 77% de las presas extremeñas documentadas de la época son de contrafuertes.
–La existencia del aliviadero en la parte inferior de la charca sólo aparece en presas de contrafuertes. Cabe destacar que esta presa, en relación a las datadas por los estudios ya referidos, es la segunda, históricamente, en emplear contrafuertes, después de la de Guadalupe. En planta, la construcción es recta con una ligera desviación. También las fotografías aéreas de la laguna muestran que el tramo A debió ser similar, lo que demuestra la pericia del constructor, así como algún tipo de experiencia previa en otros lugares. Otras presas similares tienen quiebros, se van adaptando al terreno, incluso en curva o rectas mal trazadas. Aquí no. Los dos tramos son de una moderna perfección geométrica. Si contemplamos las fotografías vemos cómo muestran el acabado de la coronación que se percibe pese al relleno, e incluso pueden adivinarse los arranques de algunos contrafuertes. En cuanto a los aliviaderos, se limitan al de fondo del tramo B, junto con el aliviadero ya mencionado en el tramo A. La superficie del vaso de la Laguna del Casar tiene 9,48 ha. La longitud de la presa, en el tramo B, es de 172 m y 5 m de altura. Estas medidas entran dentro de los parámetros del resto de presas del entorno, que se mueven entre los 4 y 10 m de altura en la mayoría de los casos, y entre los 80 y los 200 m de longitud. La capacidad de la Albuhera del Casar está aproximadamente en torno a los 0,5 hm3, que también es un parámetro normal en las presas extremeñas anteriores a 1800.
Las obras hidráulicas en el siglo XVI se financiaron de forma muy diversa, aun-que generalmente las abordaban los Concejos, que recurrían en los casos difíciles a reputados técnicos de la Corona, como Juanelo Turriano o Juan de Herrera. Los ediles recurrían a bienes propios, préstamos o censos al recababan impuestos específicos, como los sisas, sobre algunos productos de consumo generalizado, pero que generalmente no podrían considerarse de primera necesidad. La escasez estacional de agua y la distribución irregular de sus puntos de aprovisionamiento (fuentes, manantiales, corrientes fluviales), en un lugar como el Casar de Cáceres, llevó aparejada una necesaria política de recursos hídricos, orientada a propiciar el acceso cotidiano a ella por parte de los consumidores, fueran hombres o animales, en las mejores condiciones posibles.
Las fuentes de agua existentes en el entorno municipal debían ser capaces de resolver el consumo humano22. Por tanto, existen 4 usos principales: el ganadero, el de reserva de peces, el agrícola y el industrial. La producción ganadera, tanto de ovino como de vacuno, tiene una arraigada tradición en la zona, y la construcción de la presa ayudaría al mantenimiento de más cabezas de ganado. Además, la proliferación de tenerías en el pueblo generaría una mayor demanda de animales. El uso como estanque para peces no es desdeñable. Hay que pensar que en las épocas de mayor fervor religioso, y desde luego la España del Renacimiento lo era, las prescripciones religiosas imponían un total de 166 días de vigilia a lo largo del año, y la Laguna resolvía el suministro de pescado en buenas condiciones sanitarias al pueblo.
En cuanto a la producción agrícola de la zona, se diferenciaban dos usos: extensivo e intensivo. El primero de ellos era dominado por las explotaciones de cereales, típicamente de secano, para consumo humano y animal, además de la producción de forrajes primaverales para alimentación animal. La agricultura intensiva era dominada por huertas y regadíos de pequeñas dimensiones que se disponían a lo largo del cauce del arroyo. La seguridad de un caudal continuo, incluso en verano, podía mantener un mayor número de especies vegetales y de cosechas en estas huertas. El uso industrial fue el principal causante de la exigencia de la presa.
Los molinos de rodezno, como es el caso del que existió en el pie de la presa, requerían obras hidráulicas de cierta envergadura, como son la construcción de una presa que acumulase y diese cota al agua del arroyo, y la desviación de un caz hacia el propio molino. Esto, en el siglo XVI, sólo podía ser afrontado por grupos de campesinos, que eran a su vez los propietarios del molino en partes, en días o en veces de uso.
El molinero no era más que un asalariado de este grupo de campesinos, propietarios de las tierras que producían el cereal. En el período considerado, la dieta alimenticia, que en la Edad Media tenía un importante componente cárnico, fue reduciendo éste a favor de los cereales. Se considera además que este cambio de hábito alimenticio generó el avance demográfico que acompañó a España a lo largo del siglo XVI. Si había falta de agua había falta de pan en los molinos. Coincide además, la fecha de construcción de la presa con la franquicia de los habitantes del Casar, a principios del siglo XVI. Es decir, los habitantes del recién creado término municipal, campesinos libres, se organizaron para sufragar la construcción de la presa y del molino, dando a su vez pie a la estructuración, no sólo del tejido urbano del pueblo, sino también a su desarrollo agrícola, ganadero e industrial. Cabe pensar qué hubiera sido del Casar si en ese momento no se hubiese decidido emprender tal obra.
Las modificaciones que ha padecido la presa pueden haber llevado a esta situación, pero pensamos que los restos originales son lo suficientemente significativos como para haber hecho alguna mención a esta presa. En origen, la presa constaba de dos tramos diferenciados que denominaremos A y B. El tramo A, de 110 m de longitud y algo más de 5 m de altura, tenía un molino adosado al paramento. Aquí se situaba el aliviadero original, y presentaba mayor altura de salto de agua. El tramo B, de 172 m de longitud y unos 5 m de altura, es el que se conserva en la actualidad. Tenía un segundo aliviadero de fondo con un canal de derivación que guiaba el agua hacia una zona de huertas.
En los años setenta, con la construcción de una serie de edificios en la vaguada del arroyo, se desvió el lecho del cauce principal. Este arroyo discurría por lo que, elocuentemente, se llama «Ronda de Pescadores», que entonces delimitaba el tejido urbano del pueblo.
El molino fue desmantelado, la vaguada se rellenó, y con ella también el tramo A de la presa. Actualmente, no queda rastro de este tramo, si bien se intuye su disposición debido a que se ha construido un paseo fluvial siguiendo la traza del tramo A. Este tramo, con seguridad, se encuentra bajo el paseo, sirviendo a éste de cimentación. En cuanto al tramo B, se llevaron a cabo varias actuaciones para adaptarlo a su nueva función como cuerpo único de la presa:
––El trasdós se rellenó con materiales para permitir el paso de vehículos sobre el mismo. En este relleno se trazó una conducción de saneamiento, con sus correspondientes pozos de control. ––El paramento en contacto con el agua se protegió con hormigón proyectado para evitar infiltraciones al trasdós rellenado, y así eliminar posibles asentamientos.
–El aliviadero del fondo fue ampliado, y se le añadió una toma moderna de hormigón armado a modo de decantador y una rejilla para permitir depurar de grandes sólidos el agua vertida. Este aliviadero se adaptó para que coincidiese en el trasdós donde surgía el antiguo. Así, el punto de irrupción de las aguas coincide con el de una antigua instalación de la que nos ocuparemos posteriormente. Basándonos en el tramo B, y también en fuentes orales, podemos deducir cómo era el tramo A. Ambos debían ser similares, tanto en forma constructiva como en los materiales empleados.
Una primera observación muestra que la presa consta de un paramento coronado por sillares graníticos de aproximadamente 30 × 30 × 90 cm, que conforman un pretil similar al de otras presas extremeñas de la época. El sellado al que hacíamos referencia antes impide observar el paramento, pero podemos asegurar que los sillares se extienden hasta la cimentación dispuestos a soga. El cuerpo de la presa, por su parte, es de mampostería granítica sellada con algún tipo de mortero arcilloso o con cal para garantizar su impermeabilidad. La contención, igualmente, aparece oculta por el relleno del camino tras la presa, sin solución de continuidad. Sin embargo, las fuentes orales afirman que debajo hay una serie de contrafuertes. Esta suposición, además, viene confirmada por dos datos: ––El 77% de las presas extremeñas documentadas de la época son de contrafuertes.
–La existencia del aliviadero en la parte inferior de la charca sólo aparece en presas de contrafuertes. Cabe destacar que esta presa, en relación a las datadas por los estudios ya referidos, es la segunda, históricamente, en emplear contrafuertes, después de la de Guadalupe. En planta, la construcción es recta con una ligera desviación. También las fotografías aéreas de la laguna muestran que el tramo A debió ser similar, lo que demuestra la pericia del constructor, así como algún tipo de experiencia previa en otros lugares. Otras presas similares tienen quiebros, se van adaptando al terreno, incluso en curva o rectas mal trazadas. Aquí no. Los dos tramos son de una moderna perfección geométrica. Si contemplamos las fotografías vemos cómo muestran el acabado de la coronación que se percibe pese al relleno, e incluso pueden adivinarse los arranques de algunos contrafuertes. En cuanto a los aliviaderos, se limitan al de fondo del tramo B, junto con el aliviadero ya mencionado en el tramo A. La superficie del vaso de la Laguna del Casar tiene 9,48 ha. La longitud de la presa, en el tramo B, es de 172 m y 5 m de altura. Estas medidas entran dentro de los parámetros del resto de presas del entorno, que se mueven entre los 4 y 10 m de altura en la mayoría de los casos, y entre los 80 y los 200 m de longitud. La capacidad de la Albuhera del Casar está aproximadamente en torno a los 0,5 hm3, que también es un parámetro normal en las presas extremeñas anteriores a 1800.
Las obras hidráulicas en el siglo XVI se financiaron de forma muy diversa, aun-que generalmente las abordaban los Concejos, que recurrían en los casos difíciles a reputados técnicos de la Corona, como Juanelo Turriano o Juan de Herrera. Los ediles recurrían a bienes propios, préstamos o censos al recababan impuestos específicos, como los sisas, sobre algunos productos de consumo generalizado, pero que generalmente no podrían considerarse de primera necesidad. La escasez estacional de agua y la distribución irregular de sus puntos de aprovisionamiento (fuentes, manantiales, corrientes fluviales), en un lugar como el Casar de Cáceres, llevó aparejada una necesaria política de recursos hídricos, orientada a propiciar el acceso cotidiano a ella por parte de los consumidores, fueran hombres o animales, en las mejores condiciones posibles.
Las fuentes de agua existentes en el entorno municipal debían ser capaces de resolver el consumo humano22. Por tanto, existen 4 usos principales: el ganadero, el de reserva de peces, el agrícola y el industrial. La producción ganadera, tanto de ovino como de vacuno, tiene una arraigada tradición en la zona, y la construcción de la presa ayudaría al mantenimiento de más cabezas de ganado. Además, la proliferación de tenerías en el pueblo generaría una mayor demanda de animales. El uso como estanque para peces no es desdeñable. Hay que pensar que en las épocas de mayor fervor religioso, y desde luego la España del Renacimiento lo era, las prescripciones religiosas imponían un total de 166 días de vigilia a lo largo del año, y la Laguna resolvía el suministro de pescado en buenas condiciones sanitarias al pueblo.
En cuanto a la producción agrícola de la zona, se diferenciaban dos usos: extensivo e intensivo. El primero de ellos era dominado por las explotaciones de cereales, típicamente de secano, para consumo humano y animal, además de la producción de forrajes primaverales para alimentación animal. La agricultura intensiva era dominada por huertas y regadíos de pequeñas dimensiones que se disponían a lo largo del cauce del arroyo. La seguridad de un caudal continuo, incluso en verano, podía mantener un mayor número de especies vegetales y de cosechas en estas huertas. El uso industrial fue el principal causante de la exigencia de la presa.
Los molinos de rodezno, como es el caso del que existió en el pie de la presa, requerían obras hidráulicas de cierta envergadura, como son la construcción de una presa que acumulase y diese cota al agua del arroyo, y la desviación de un caz hacia el propio molino. Esto, en el siglo XVI, sólo podía ser afrontado por grupos de campesinos, que eran a su vez los propietarios del molino en partes, en días o en veces de uso.
El molinero no era más que un asalariado de este grupo de campesinos, propietarios de las tierras que producían el cereal. En el período considerado, la dieta alimenticia, que en la Edad Media tenía un importante componente cárnico, fue reduciendo éste a favor de los cereales. Se considera además que este cambio de hábito alimenticio generó el avance demográfico que acompañó a España a lo largo del siglo XVI. Si había falta de agua había falta de pan en los molinos. Coincide además, la fecha de construcción de la presa con la franquicia de los habitantes del Casar, a principios del siglo XVI. Es decir, los habitantes del recién creado término municipal, campesinos libres, se organizaron para sufragar la construcción de la presa y del molino, dando a su vez pie a la estructuración, no sólo del tejido urbano del pueblo, sino también a su desarrollo agrícola, ganadero e industrial. Cabe pensar qué hubiera sido del Casar si en ese momento no se hubiese decidido emprender tal obra.
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