Casar de Caceres

7/1/13

No tener ni blanca

Tal y como están las cosas, supongo que es común, lamentablemente, decir aquello de “estar sin blanca”, que viene de decir que uno no tiene ni un céntimo en sus bolsillos.
 El origen de este dicho se remonta a los tiempos de Felipe II, cuando existía una moneda que se llamaba así, blanca, que valía la mitad de un maravedí. Esta moneda, la blanca, tenía un valor muy bajo, como el céntimo del que hablaba hace un momento en el primer párrafo. Por lo tanto, no tener ya ni una blanca significaba estar en la más absoluta de las ruinas.
 Cervantes escribió: “Echó mano a la faldriquera la señora Tenienta, y halló que no tenía blanca”. Años y años han pasado desde entonces y hoy es tan cierta esta frase como entonces, los españoles seguimos sin tener ni blanca. Estamos como la señora Tenienta de Cervantes, con la faldriquera vacía. Llegarán tiempos mejores, eso seguro.

5/1/13

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

Corren malos tiempos. Acaba el año peor que comenzó, abrumado de problemas y pesimismo. Lo peor es que nada hace presagiar que 2013 será mejor, por mucho que el gobernante de turno, haciendo gala de un voluntarismo retórico, se empeñe en propalar que al final del nuevo ejercicio se percibirá la mejoría. No, la situación es dramática porque un drama es lo que están viviendo millones de españoles. En el resto del mundo las cosas no pintan mejor, aunque haya matices para todos los gustos.

 Decía un amigo mío que lo que no es conciencia es ignorancia. Y nunca como en nuestros días la ignorancia —un terrible drama fermentado en la mentira— ha engendrado tanto peligro, principalmente por su empeño en revestir de honorabilidad al poder devastad0r que consume la ilusión de millones de seres humanos.

Hemos llegado a tal punto de delirio mental, que hemos dejado que la humanidad sea gobernada mediante teorías sobre el poder y la economía elucubradas por cerebros opacos, que se creen seres excepcionales. ¿Cómo es posible, pues, que ante el avance alarmante de la miseria y de creciente esclavitud en el mundo, las acciones solidarias y caritativas —mal llamadas humanitarias— tengan cada vez menos cabida?

La solución radical hace necesaria una nueva teoría que devuelva a los habitantes de la tierra la parcela de derecho a la vida que les corresponde por el hecho de nacer. Poner un límite a la miseria por abajo impone un límite al enriquecimiento por arriba. Solo hay derechos para unos mientras no se roben los derechos de los otros. Es urgente dotar de un marco de racionalidad al sistema económico mundial que, sin desmotivar ni desincentivar, impida la marginación de los pobres. Esta visión de la economía mundial necesariamente presupone una postura de los individuos y de la sociedad que no todos comparten. Y sin embargo, no puede haber armonía universal mientras se mantengan las brutales desigualdades que dividen a la humanidad en agraciados por la fortuna y en desheredados.

 Viene a cuento aquí recordar la serie de artículos que publicó hace unos meses The New York Times sobre el presidente del Banco Santander. El prestigioso periódico neoyorkino presentaba a Emilio Botín como el banquero más influyente de España, con importantes inversiones en Brasil, Gran Bretaña y Estados Unidos. También destacaba el diario norteamericano el ocultamiento por parte de Emilio Botín y su familia de unas cuentas secretas establecidas desde la guerra civil en la banca suiza HSBC. Por lo visto, en las cuentas de tal banco había 2.000 millones de euros que nunca se habían declarado a las autoridades tributarias del Estado español. Parece ser que un empleado despechado de tal banco suizo, decidió publicar los nombres de las personas que depositaban su dinero en dicha entidad, sin nunca declararlo en sus propios países. Había nada menos que 569 españoles, entre los que destacaban nombres muy reconocidos de la vida política y empresarial. Si dicha lista era cierta no lo puedo afirmar, pero algunos de sus nombres han circulado ampliamente por internet. En cualquier caso, es moneda corriente en los medios de comunicación los casos decorrupción en el que se ven inmersas personalidades relevantes sin que nunca, salvo alguna excepción, hayan pagado por ello.

Según la Agencia Tributaria española (AEAT), el 74% del fraude fiscal se centra en estos grupos de gente poderosa, lo que supone un total de 44.000 millones de euros evadidos del tesoro nacional. Esta cantidad, por cierto, representa casi la cifra del déficit de gasto público social de España respecto la media de eurozona (66.000 millones de euros), es decir, el gasto que España debería invertir en su Estado del Bienestar (sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios a personas con dependencia y otros) por el nivel de desarrollo económico que tiene y que no se gasta porque el Estado no recauda tales fondos. Y una de las causas de que no se recaude este dinero se debe precisamente al fraude fiscal realizado por este colectivo de poderosos citados en The New York Times.

 Como se puede apreciar, las razones para el pesimismo son elocuentes. Políticos, financieros, empresarios e ilustres apellidos de la burguesía funcionarial aplican todo su empeño en estrujar los recursos económicos de la sociedad en beneficio propio. ¿Cuántos pobres tiene que haber por cada rico? Todo indica que cada día más, ya que la codicia es insaciable. Lo peor de todo es que la gente normal, la de a pie, la que sufre de manera agobiante y en muchos casos traumática las circunstancias de la crisis, parece que ha dejado de confiar en sí misma. Quizá sea porque los españoles llevamos demasiado tiempo confiando nuestro bienestar a los demás; ya desde los lejanos días del general Franco. Estamos educados (autoengañados) en un Estado del Bienestar paternalista, en el que los que mandan cuidan de nosotros y proveen.


Veamos que nos trae 2013. Mucho me temo que más de lo mismo, aunque parece que algo se está moviendo en el fondo del proceloso piélago humano. No solo de pan vive el hombre…, y si no volvemos la mirada al interior de nuestras conciencias, evocando a mi viejo amigo, no me quedará más que confirmar que todo se volverá ignorancia. Y tragedia.

4/1/13

Sueños rotos

Las leyes de la probabilidad han indultado la pena de la intranquilidad a millones de presos enclaustrados en los barrotes de la necesidad. En los patios de la libertad se huele el aroma del tener y la abstracción personalísima de nuestro ser. Desde fuera de la cifra, observamos al pobre que nos acompañó en la cárcel circunstancial de nuestro sino. Desde la tribuna del dinero distorsionamos el esfuerzo en el cuello azul de los de abajo. La deshumanización del dinero, en palabras de Marx, viste de largo la sombra de nuestra alegría. Las emociones de la mañana han cambiado los valores humildes de la noche pasada. Las circunstancias de Ortega y Gasset han inventado al nuevo hombre de hoy.
 La euforia civil del número ha eclipsado el llanto feliz de Don Mariano. El cava de la alegría ha enturbiado la lotería de Santamaría en las fronteras del otoño. El nuevo gobierno de Rajoy ha compartido la tribuna de la noticia ante el sofá de cinco millones de parados inmersos en las oscuras paredes de la consolación. Los sueños rotos del décimo desgraciado, han quedado al amparo de la retórica política del momento y al hastío crónico de los mercados. El telediario de contrastes entre los sueños reales de los recientes y las migajas de la ilusión en las palabras de la cartera, ha dibujado la silueta de los blancos y negros en los trazos desiguales de la riqueza.
 El anuncio fugaz de los ministros con el desplante periodístico del momento ha sembrado la semilla del probable estilo maquiavélico de Rajoy, en su diálogo obligado con los medios. La pregunta sin respuesta al reciente presidente ha marcado los ecos internacionales de la noticia. Los consejos deChurchill no han agrietado el escudo infranqueable de don Mariano. El silencio ha marcado la barrera de la improvisación. El guión del actor no ha sido arrugado por la pregunta inoportuna del espectador. Hoy más que ayer, hemos roto las finas líneas que separan la política del cuarto poder. Las zancadillas al derecho de información invitan a la crítica a suplicar una solución inmediata, si no queremos caer en la sumisión civil de los regímenes autocráticos de ayer.
 Los rayos que marcan las sombras de la Moncloa vislumbran los trazos difusos del nuevo poder. Las nuevas cortinas de Elvira lucen el estampado de millones de rosas rojas bajo el cielo azul de las gaviotas. Las alfombras de los Zapatero aún esconden bajo su talante terciopelo el castigo popular de los desencantados. Por las noches se oyen los ruidos intermitentes de la carcoma en los muebles antiguos de las derrotas. El aroma a café de la mañana nos despoja de las riquezas acariciadas en la dulce soñar de madrugada. El sabor amargo del recuelo ha sido la salud consorte de los desafortunados en la alegría incondicional de los afortunados.

EL IMPACTO PSICOLÓGICO DE LA ESCLEROSIS TUBEROSA EN LA FAMILIA.

El cuidado de un Individuo con un desorden crónico tiene un efecto dramático en los miembros de la familia. Los padres pueden sentirse enojados, agobiados, frustrados. Pueden sentirse culpables por transmitir un gen enfermo a su hijo o pueden creer que algo malo hicieron para transmitir la esclerosis tuberosa a su hijo.
 Uno de los padres puede verse forzado a dejar su trabajo temporal o permanentemente para atender a su hijo. Es muy difícil encontrar un empleo flexible que brinde la oportunidad al cuidador de acompañar al afectado con CET al doctor, a las terapias, al colegio, etc. Esta situación puede generar estrés dentro del seno familiar. Uno de los padres puede sentir que está asumiendo mayores responsabilidades. Las entradas económicas pueden disminuir especialmente cuando muchos de estos gastos no se cubren por la empresa prestadora de salud o cuando el niño requiere educación especial y como bien se sabe, esta es más costosa que la educación tradicional.
 Varias investigaciones refieren que las familias afectadas por un desorden crónico, pueden tener mayor riesgo de divorcio puesto que uno de los padres (el cuidador) focaliza su atención en el miembro afectado dejando en espera su vida personal y conyugal y la atención y cariño para sus otros hijos.
 Muchas veces los hermanos deben aprender a cuidarse solos en tanto sus padres atienden, acompañan o asisten a su hermano afectado con CET a las citas de control, a las terapias e incluso mientras sus padres cuidan a su hermano en casa.
 La vida en familia es impredecible para un hogar con un miembro afectado por CET debido a los problemas emocionales y de conducta que conlleva tener esclerosis tuberosa y por la incertidumbre de la condición de salud. La familia amanece sin saber cuándo va a tener un día bueno o malo. Algunos días el niño puede verse libre de ataques epilépticos en tanto otros días deben correr a la sala de urgencias y lo más difícil de todo es saber que esta situación puede prolongarse largo tiempo.
 Hoy en día la situación parece prometedora para las afectadas por la esclerosis tuberosa porque la ciencia ha avanzado y se asoma la esperanza de nuevos tratamientos que ayudarán a controlar la epilepsia y a reducir los tumores renales y cerebrales, a mejorar la función cognitiva y a revertir el retardo mental. No obstante la esclerosis tuberosa es una condición de salud que requiere de un permanente monitoreo médico. A pesar de este difícil panorama, la tensión familiar puede mejorar en la medida en que mejore y se estabilice en el tiempo. Entonces queridas familias, nuestra humilde sugerencia es no dejarse intimidar por el pánico, el miedo y la angustia o la desesperación, sino pensar que en medio del caos hay una ráfaga de esperanza y que es importante que la familia funcione lo más normalmente posible.

2/1/13

Me he cansado

Me he cansado. Me he cansado de llorar, cuando realmente quiero gritar. Me he cansado de hacer malabares para encontrar en qué punto del camino hice yo algo mal, cuando la culpa es de otra persona. Estoy hasta los cojones de lanzar puñetazos y hacerlos volverse contra mi pecho. También me he cansado de tener que aparentar que una situación es normal, que nada ha pasado. Fingir que nada tiene tanta importancia, que no me afecta y a nadie afecta, que es común.
 Me he cansado de intentar hacerme creer que no necesito cosas. Que no lo necesito, sino que lo quiero. NO. Hay cosas que se QUIEREN y hay cosas que se NECESITAN. Hace varios años, llenaba hojas de cuadernos llorando que me faltaba algo, que necesitaba algo y no sabía qué. Cuando me cansé de lloriquear, decidí que ya no quería necesitar cosas nunca más. Ahora comprendo que esas cosas no se deciden y que todos –sí, todos- tenemos necesidades. Y sólo quienes lo admiten y se preocupan por atenderlas y satisfacerlas, viven felices.